Peter Singer.
PROFESOR DE BIOETICA, UNIVERSIDAD DE PRINCETON.
En
octubre, centenares de millones de personas de todo el mundo se enteraron de la
existencia de un niño de un año de edad de Malawi, llamado David. Un mes
antes, muchas de esas personas nunca habían oído hablar de su país natal,
nación africana sin litoral de unos 13 millones de habitantes, que limita
con Mozambique, Zambia y Tanzania. De repente, David pasó a ser el malawi
mejor conocido en el mundo, porque tuvo la suerte de ser adoptado por la
estrella popular Madonna.
Pero,
¿fue una suerte de verdad? El padre de David, Yohane Banda, dijo que no
había entendido que su hijo había dejado de pertenecerle y podría no regresar
nunca a Malawi. Madonna dice que no es eso lo que había dicho Banda antes,
aunque ella no habla la lengua de éste. Los defensores de los derechos humanos
acudieron a los tribunales para pedir el regreso del niño.
La madre
de David murió. Después de su muerte, su padre, un aldeano que cultiva verduras,
no podía ocuparse de él y lo confió a un orfelinato. En él vivía, junto
con otros 500 niños, cuando Madonna entró en contacto con él. El país tiene
un millón de huérfanos, a consecuencia en gran medida de la epidemia de sida.
Los recursos en los orfelinatos son limitados y muchos de los niños que viven en
ellos no llegan a cumplir cinco años. Madonna dijo que, cuando conoció a David,
tenía una grave neumonía.
Malawi
es uno de los países menos adelantados del mundo,
con una tasa de mortalidad infantil de 94 por mil y una esperanza de vida al
nacer de 41 años. Aproximadamente uno de cada siete habitantes adultos están
contagiados con sida. De haber permanecido en el orfelinato, no hay razones para
pensar que David hubiera disfrutado de condiciones mejores que el malawi medio.
Lo más
probable es que hubieran sido peores. En una entrevista, el padre de David no
negó que su hijo estaría mejor con Madonna y se negó a apoyar a los
activistas en pro de los derechos humanos que intentan conseguir el regreso de
David. Es una decisión acertada.
David
quedará separado de sus raíces culturales. Aunque Madonna ha dicho que volverá
con él a Malawi para que vuelva a ver a su padre, no podrá sentirse en su casa
en ese país.
Tampoco
estará del todo en casa en Londres, sobre todo en los círculos en los que se
mueve Madonna. Como niño negro en un mundo en gran medida blanco, siempre
será "el huérfano que Madonna adoptó". Sin embargo, las dificultades de una vida
en semejantes circunstancias, son, sin lugar a dudas, menos desalentadoras que
los riesgos que habría afrontado, si hubiera permanecido en el orfelinato, en
caso de que hubiera logrado sobrevivir.
Pero el
caso de David plantea una cuestión más amplia. Al adoptar un niño de un país
pobre, Madonna sigue el ejemplo de otras celebridades, como Mia Farrow, Ewan
McGregor y Angelina Jolie. ¿Logran esas adopciones algo más que ayudar a los
niños adoptados?
La
adopción de niños de países en desarrollo no sirve para abordar las causas de la
pobreza. Pese a
la elevada tasa de infecciones por sida, la población de Malawi, como la de
muchas naciones en desarrollo, está aumentando rápidamente. Se prevé que supere
los 19 millones en 2025, lo que constituirá una mayor presión para su
superficie, ya limitada, de tierra cultivable. El acceso a la instrucción
de los jóvenes malawis, sobre todo las niñas, y la distribución de los
preservativos suficientes contribuiría mucho más a reducir el crecimiento
demográfico que unas pocas adopciones.
Conviene
decir en su honor que Madonna no se ha limitado a adoptar a David. Su
proyecto, Raising Malawi (www.raisingmalawi.com),
ayudará a otros huérfanos. Más importante aún es que, junto con otros socios,
Raising Malawi recauda fondos para la prestación de ayuda agrícola, asistencia
médica y educación. Junto con Angelina Jolie, Bono, George Soros y muchos otros,
Raising Malawi está prestando ayuda a Millennium Promise (www.millenniumpromise.org),
organización fundada por el destacado economista de la Universidad de Columbia
Jeffrey Sachs.
Entre las
promesas de la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, firmadas por todos los
dirigentes del mundo, figuraban reducir la pobreza extrema a la mitad, detener
la propagación del sida e impartir enseñanza primaria a todos los niños en 2015.
Aunque en Asia se han logrado importantes avances hacia la consecución de esas
metas, en África hay ahora 140 millones más de personas que viven en la
pobreza extrema que en 1990.
Los
escépticos dudan de que la asistencia extranjera ayude de verdad. Millennium
Promise pretende responder a ese escepticismo en una aldea cada vez.
Seleccionando aldeas concretas y prestando asistencia básica de salud, camas con
mosquiteros para detener el paludismo, enseñanza primaria, mejores semillas y
otras formas de ayuda agrícola, la organización aspira a demostrar que planes
de ayuda amplios y bien concebidos pueden sacar a las personas de la pobreza
con un costo relativamente modesto.
Lo que
resulta lamentable es que los medios de comunicación parezcan menos interesados
en esa historia emocionante y trascendental, que puede ayudar a millones de
niños, que en la adopción por Madonna de un solo niño malawi.
Copyright Clarín y Project Syndicate, 2006.
Fuente: Diario «Clarín», Suplemento “Zona”, 12 de noviembre de 2006.
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