"Soy prisionero de mi cuerpo", le escribió al presidente

 

El drama de Piero, el italiano que ruega por su muerte y la justicia "condena" a seguir viviendo

 

Tiene 60 años y sufre una atrofia muscular incurable. Sólo mueve los ojos y la justicia italiana rechazó su pedido para que se aplique la eutanasia. Hubo vigilias en 50 ciudades para apoyarlo.

 

Por Peer Meinert (de dpa)

18.12.2006 | 09:30

 

Piergiorgio Welby sufre una atrofia muscular incurable y ruega que terminen con su vida. La justicia italiana rechazó su pedido.

Piergiorgio Welby sufre una atrofia muscular incurable y ruega que terminen con su vida. La justicia italiana rechazó su pedido.
Foto: AFP

Roma.- El italiano Piergiorgio Welby está paralizado desde hace años, se alimenta y respira de manera artificial, pero desde hace algunas semanas sólo quiere una cosa: morir. Todos los días su imagen aparece en los diarios italianos, cada noche está en los noticieros: un hombre de 60 años, atado a la cama debido a una atrofia muscular incurable, el rostro tieso, la mirada desesperada. Sólo mueve los ojos. "Soy prisionero de mi propio cuerpo", le hizo saber al presidente Giorgio Napolitano, y añadió: "Pronto ni siquiera voy a poder entrar en contacto con el mundo con mis propios ojos".

El hombre lucha por su propia muerte, y quiere lograr legalmente que los médicos pongan fin a su vida. Hasta ahora, sin resultados. Toda Italia sigue el drama, y sufre junto al romano. Hace mucho que la gente no se conmovía así con un tema. "Esta es la guerra de Piero", escribe un diario.

En 50 ciudades hubo vigilias en la noche del sábado por el enfermo, y desde hace mucho su deseo de morir se transformó en un tema político. Frente a los ojos del Vaticano ha comenzado una dura disputa a favor y en contra de la eutanasia.

Sin embargo, por ahora la justicia destruyó la esperanza de Welby de una pronta muerte. Un tribunal civil en Roma rechazó la petición del enfermo: aceptó que en principio tiene derecho a interrumpir la terapia y apagar los aparatos que lo mantienen con vida, pero señaló que por desgracia no hay ninguna ley que lo permita, algo casi incomprensible para el afectado.

"Welby está condenado a seguir viviendo", tituló ayer el diario turinés "La Stampa". El camino de sufrimiento de Welby es largo: los primeros signos de la debilidad muscular surgieron cuando tenía 16 años. Durante mucho tiempo las peores consecuencias estuvieron bajo control, después llegó la silla de ruedas, y desde hace diez años Welby respira de forma artificial.

Los mensajes los envía al exterior mediante una computadora. La enfermedad no se deja detener, la cura está descartada, y por eso Welby decidió actuar. Su primer grito de ayuda lo dirigió en septiembre al presidente Napolitano. "Lo que me queda no es vida. Sólo es aferrarse terca y absurdamente a la mantención de las funciones biológicas". Todo lo que pretende Welby es "la misericordia de la eutanasia".

Napolitano se mostró profundamente afectado, pero tampoco pudo actuar. Entonces Welby apeló a la justicia, para que autorizara a los médicos a apagar los aparatos que le impiden morir. El dilema es que en Italia no es legal ni la eutanasia activa ni la pasiva, y según los medios los galenos arriesgan hasta 15 años de cárcel si la ejecutan.

Hay escasas posibilidades de aprobar pronto una ley, las opiniones están demasiado divididas."Yo personalmente no sería capaz de desconectar el enchufe (de los aparatos)", señaló la ministra de Salud, Livia Turco. A esto se suma la dura postura del Vaticano. Las recientes declaraciones de un cardenal, según el cual la eutanasia "siempre es una forma de asesinato", no son de gran ayuda. ¿Qué hacer? Los medios italianos especulan con un largo camino judicial para el enfermo, hasta la Corte Europea.

Varios analistas afirman que actualmente nadie puede decir "cuanto tiempo más Welby será mantenido con vida contra su voluntad". Agregan que actualmente el propio Welby está tan desesperado que no es capaz de hablar al respecto. El "Corriere della Sera" señaló ayer: "La batalla aún no ha terminado".

 

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Fuente: Diario «Perfil.com», Sección Política, 18 de Diciembre de 2006.

 

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