Medicina
y Fisiología
El
Nobel, para los creadores de ratones transgénicos
Permiten
estudiar diversas enfermedades y trastornos
Martes
9 de octubre de 2007
Muchos
de los enormes avances en el conocimiento del origen y desarrollo de
enfermedades humanas que se realizan actualmente en todo el mundo son posibles
gracias al trabajo de tres pioneros que descubrieron cómo eliminar o
introducir modificaciones genéticas específicas en ratones de laboratorio:
el italiano Mario Capecchi y los británicos Oliver Smithies y Martin Evans.
Los tres compartirán el millón y medio de dólares que entrega esta nueva
versión del Premio Nobel de Medicina y Fisiología, de acuerdo con lo
anunciado ayer.
Según el Instituto Karolinska, los revolucionarios hallazgos de estos científicos
“impregnaron” todos los campos de la medicina y tuvieron un enorme impacto
en la comprensión del funcionamiento de los genes en distintos trastornos.
“Sus experimentos permitieron estandarizar una metodología que hoy se
aplica masivamente y que permite estudiar genes humanos y hacer modelos de
enfermedades humanas en animales”, explica el doctor Marcelo Rubinstein, del
Instituto de Genética y Biología Molecular.
"Hicieron un aporte fundamental para entender enfermedades humanas
complejas a través de modelos animales modificados genéticamente",
agrega el doctor Pablo Argibay, director de investigaciones del Hospital
Italiano.
Hace algo más de veinte años, los trabajos de Capecchi y Smithies sentaron
las bases para una técnica genética que utiliza la recombinación denominada
"homóloga", en la que un gen deseado encuentra una secuencia de ADN
idéntica u homóloga en el genoma del animal, e intercambia lugares con ella.
Evans encontró el vehículo para que esas modificaciones se expresaran en
todo el organismo: las células madre embrionarias.
"Evans descubrió que es posible generar un ratón a partir de células
embrionarias manejadas in vitro, en un tubo de ensayo -dice Rubinstein-.
Parece un truco de magia: es como si se lo desmembrara en sus distintas células,
se las pusiera en la licuadora y se lo volviera a armar."
La "receta" de Evans consistía básicamente en obtener células
embrionarias de ratón, congelarlas, cultivarlas y luego volver a generar el
ratón. "Esto permitió introducirle mutaciones y obtener ratones knock
out [en los cuales un gen nativo es eliminado, al ser reemplazado por un
gen defectuoso] - dice Rubinstein, que aplica esta técnica desde 1991
y generó varios ratones mutantes-. Capecchi y Smithies trabajaron mucho en la
interfaz entre el trabajo con células madre y con el ADN, y estandarizaron
mecanismos para producir mutantes. Fue, en su momento, un trabajo en las
fronteras de la ciencia, pero desde que se secuenciaron el genoma humano y el
del ratón, el uso de estas técnicas explotó y actualmente es el método de
rutina para estudiar cualquier gen."
Según explica Argibay, el trabajo de Evans, Smithies y Capecchi consistió en
introducir porciones de ADN alteradas para observar los efectos de su expresión:
la producción de una proteína enferma causante de enfermedades. "A través
de la introducción en una célula madre embrionaria con genes alterados
-afirma-, se logra literalmente la construcción de una «maqueta biológica
de la enfermedad»: un animal de laboratorio portador de las modificaciones
genéticas que en el ser humano llevan a ese trastorno. De ese modo, se pueden
comprender los mecanismos que llevan desde el gen (información), a la proteína
(estructura) y a la función alterada (enfermedad), y al mismo tiempo se puede
actuar en los diferentes pasos para probar opciones de curación."
Una "fija"
Los tres premiados de este año eran considerados una "fija" para el
premio de la Academia Sueca. "Son «monstruos» -dice Argibay-. Smithies,
que actualmente trabaja en la Facultad de Medicina de Chapel Hill, en Carolina
del Norte, Estados Unidos, ya había ganado todas las distinciones habidas y
por haber. Fue elegido miembro de honor del Instituto Nacional de Medicina de
los Estados Unidos, uno de los máximos honores para un investigador médico."
Nacido el 23 de julio de 1925, Oliver Smithies sintió pasión por la ciencia
desde su niñez, a partir de la lectura de una historieta con el personaje de
un inventor, según contó a AFP: "Me encantaba, y me dije que yo iba a
ser inventor. Y en eso me convertí". El científico estudió fisiología
animal, química y bioquímica en la Universidad de Oxford, y a los 82 años
sigue concurriendo diariamente a su laboratorio. "Hago experimentos prácticamente
cada día -afirmó-; es un aspecto maravilloso de la ciencia."
También sir Martin Evans, de 66 años, tuvo una carrera brillante. Graduado
en la Universidad de Cambridge y doctorado en el University College London, se
declara fascinado por la biología desde su juventud. Padre de tres hijos y
defensor de la investigación con células madre, actualmente es director de
la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Cardiff.
Mario Capecchi, por su parte, tuvo una vida realmente novelesca. Nacido en
Verona, Italia, en 1937, a los cuatro años, en plena Segunda Guerra Mundial,
fue separado de su madre cuando ésta fue arrestada por la Gestapo y enviada
al campo de concentración de Dachau. Durante cuatro años, se vio obligado a
vagar por las calles, mendigar y robar para sobrevivir, hasta que
milagrosamente se reencontró con ella al finalizar la guerra y emigraron
juntos a los Estados Unidos, donde comenzó la escuela sin saber leer,
escribir ni hablar en inglés. Doctorado en la Universidad de Harvard,
Capecchi declaró que no le queda claro si estas experiencias prematuras habían
contribuido a su éxito o si había sido a pesar de ellas que había alcanzado
sus logros.
Publicadas a fines de la década del ochenta, las técnicas desarrolladas por
Smithies, Evans y Capecchi pueden utilizarse ahora también para crear
mutaciones genéticas en ratones y activarlas en momentos, tejidos u órganos
específicos de la vida del animal. Los científicos ya han producido ratones knock
out (en cuyo diseño debe invertirse alrededor de un año y medio, o
30.000 dólares or cada uno) con más de 10.000 genes mutados.
Dice Argibay: "Las potenciales terapias con trasplante de genes (terapia
génica), también tienen sustento en sus trabajos. Y hasta es posible
imaginar en un futuro no muy lejano y mediante un amplio debate ético el uso
de herramientas similares para tratar desde la etapa embrionaria diversas
enfermedades, lo que constituye la terapia génica germinal".
Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION
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