Tras
los dichos de James Watson
Refuta
la ciencia que los negros sean inferiores
Para los expertos, ni
siquiera es sustentable hablar de razas
Al
norteamericano James Watson, premio Nobel de Medicina o Fisiología 1962, se le
atribuye el consejo de que “hay que tener siempre un enemigo, no importa si es
real o imaginario”. Si es cierto que le corresponde, él mismo parece
cumplirlo al pie de la letra.
Sus recientes declaraciones acerca de que “los negros son menos inteligentes
que los blancos”, que ayer se divulgaron en medios de comunicación de todo el
mundo, no sólo inspiraron en sus colegas los más variados epítetos
–ignorante y racista son sólo algunos–, sino que merecieron una refutación
generalizada. Para la ciencia, el concepto de “raza” no es sustentable, y
los tests de inteligencia sólo miden una de las muchas capacidades del cerebro.
“Si algo demuestran las recientes declaraciones de James Watson no es la
supuesta inferioridad de la «raza negra», sino que su condición de premio
Nobel no lo ha puesto a salvo de una ostensible declinación mental –opinó el
doctor Lino Barañao, biólogo molecular y presidente de la Agencia Nacional de
Promoción Científica-. Por eso es imprescindible relativizar estas
declaraciones, que, de lo contrario, parecerían otorgar validez científica a
una afirmación que carece de todo sustento."
El doctor Víctor Penchaszadeh, profesor de genética y salud pública de la
Universidad de Columbia, en los Estados Unidos, y consultor de genética de la
Organización Mundial de la Salud, no se asombra por los dichos de Watson:
"A los que lo conocemos no nos sorprendió: es un racista -afirma-. Le
encanta el escándalo".
Penchaszadeh subraya que, más allá de si la raza existe o no, le parece
inadmisible el sesgo que el premio Nobel le imprime al concepto de inteligencia:
"Se trata de una característica humana en la que intervienen factores de
todo tipo, incluyendo los genéticos -dice-. Sería ocioso pretender que todos
los seres humanos nacen con la misma capacidad potencial mental. Pero lo más
importante para su desarrollo son todas las interacciones, sociales y
medioambientales, que experimenta la persona desde la concepción. Nutrición,
desarrollo infantil, educación, todo eso lleva a un resultado final que es lo
que se puede medir como inteligencia, entre comillas. Entonces, cuando uno
quiere comparar poblaciones, por el color de la piel, la estatura ¡o el grosor
del dedo gordo del pie!, todo depende de cuál ha sido la experiencia social y
ambiental de esas poblaciones".
Es que, hasta ahora, no existe una definición precisa de lo que es esa facultad
del cerebro humano que nos permite enfrentar problemas con soluciones novedosas.
"Algunos investigadores enfatizan la capacidad para el pensamiento
abstracto; otros, la habilidad para adquirir vocabulario o nuevos conocimientos;
otros, la capacidad de adaptarse a situaciones novedosas -explica el doctor
Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva y del Instituto
de Neurociencias de la Fundación Favaloro-. Las pruebas que evalúan
inteligencia demostraron ser útiles en algunas ocasiones, pero no en
todas."
Un concepto cambiante
A lo largo de la historia se postularon diferentes teorías sobre la
inteligencia. En 1904, Spearman propuso la existencia del Factor G, que aludía
a algo similar a nuestro actual cociente intelectual. "El sostenía que la
inteligencia permite tener éxito en un amplio rango de tareas cognitivas",
explica Manes. En 1916, Thomson propuso que lo que parecía ser una aptitud única
era en realidad una colección de múltiples y diversas habilidades necesarias
para completar la mayoría de las tareas intelectuales. Hace alrededor de dos décadas,
Howard Gardner postuló la teoría de las "inteligencias múltiples" y
consideró todos los talentos de una persona como "inteligencias".
"El concepto de inteligencia que maneja Watson es totalmente biologicista
-dice Penchaszadeh-. Una infinidad de experiencias demuestran que chicos criados
con una adecuada alimentación se desarrollan mucho mejor en cualquier grupo
humano. Y Africa fue el lugar de saqueo y pillaje de Occidente durante siglos.
Toda la historia de las pruebas de inteligencia que se hicieron en los Estados
Unidos, y en las que siempre los negros aparecen con menor inteligencia que los
blancos, son instrumentos diseñados por los blancos en situaciones de poder y
supremacía. Por otro lado, es sabido que todos venimos de los primeros Homo
sapiens sapiens , que nacieron en Africa. Lo que dice este hombre son
simples supercherías."
Según el especialista, para que las aseveraciones de Watson fueran ciertas
primero habría que demostrar experimentalmente que hay genes determinados que
se vinculan con la inteligencia y luego analizar si difieren entre grupos
humanos.
Sin embargo, el proyecto genoma humano demostró que no hay diferencias
consistentes entre grupos humanos. "Las diferencias en las secuencias de
ADN entre un habitante del norte y uno del sur de Africa son mayores que las que
existen entre un japonés y un español -asegura Barañao-. Esto es debido a que
la especie humana se originó en el continente africano y es allí donde reside
la mayor biodiversidad. Por otra parte, se ha comprobado que el ambiente materno
durante la gestación tiene mayor influencia que la genética en el coeficiente
intelectual. La nutrición de la madre, la estimulación temprana y la educación
son los determinantes del desarrollo intelectual. Todos estos factores, por otra
parte, están negativamente correlacionados con la pobreza. Por lo tanto, las
bases de estas pretendidas diferencias en el desarrollo intelectual de las
poblaciones deberían buscarse no en la genética, sino en la economía."
Estudios mal diseñados
Para Mariano Sigman, investigador en neurociencias de la Facultad de Ciencias
Exactas y Naturales de la UBA, "no hay nada que sostenga las afirmaciones
de Watson. A lo largo de la historia hubo muchos intentos de demostrar que
ciertos grupos eran menos inteligentes a partir del tamaño del cerebro, por
ejemplo. Lo mismo se decía de las mujeres, pero actualmente todos esos
resultados fueron desestimados. El cerebro de una mujer es más chico, pero
también son más chicos el hombro, los dedos, la nariz... Es epistemológicamente
interesante cómo esos estudios mal diseñados pueden dar el resultado que uno
quiere. Por otro lado, es complicado determinar qué es la inteligencia."
"La ciencia no cuenta con herramientas para medir la inteligencia en toda
su extensión y complejidad -concluye Manes-. ¿Cómo asignar un coeficiente al
humor, a la ironía y, aún más, a la diversificada y plástica capacidad del
ser humano para responder de manera creativa a los desafíos que la sociedad y
la naturaleza le plantean? Existen numerosos ejemplos históricos del uso de
estudios del coeficiente intelectual en poblaciones para sustentar políticas
discriminatorias. En favor de la ciencia, espero que esta polémica no
reproduzca aquellas tácticas, por cierto poco inteligentes."
Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION
Fuente:
Diario «La Nación», Sección “Ciencia / Salud”, 19 de octubre de 2007.
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