Julio
Sevares.
Ulrich Beck es profesor en el Instituto de
Sociología de la Universidad de Munich y en otras universidades europeas.
Estudia temas de la modernización y la globalización, los problemas ecológicos
y la globalización y dedicó especial atención a las transformaciones en el
mundo del trabajo, la pérdida de poder de los sindicatos y la flexibilización
en el nuevo capitalismo global.
El rubio y sonriente profesor berlinés,
considera que atravesamos una nueva era en la que se diluyen las fronteras y las
diferencias entre los Estados nacionales y que ese escenario exige una nueva
mirada, la mirada cosmopolita, para comprender la realidad en la que se vive y
se actúa. Después de un largo peregrinaje por el enorme espacio urbano de la
Universidad de Berlín, logramos encontrar el pequeño y encantador edificio del
Instituto de Sociología. Las escaleras de madera y los pasillos están
flanqueados por retratos de los grandes sociólogos que pasaron por la institución,
entre ellos, el padre de la ciencia, Max Weber. En un despacho de ese santuario,
Beck se explayó sobre sus preocupaciones y sus entusiasmos.
Sus trabajos se centran en la problemática de la
globalización. ¿Qué es para Ud. la globalización, qué implica?
La globalización es muchas cosas. Una de
ellas es la creciente interconexión que existe en asuntos políticos y económicos,
por lo cual el Estado-nación o la sociedad nacional ya no es la unidad
exclusiva de interacción social y comunicación. Otro significado, que es más
radical, es que la globalización es un nuevo juego de poder mundial que implica
redefinir las reglas del poder entre los Estados-nación, el capital y los
movimientos de la sociedad civil. El capital fue el primer actor que abandonó
la prisión del Estado-nación y desarrolló nuevas estrategias de poder en el
espacio global. Los capitales son capaces de usar la tecnología de la información
para reorganizar la división de la mano de obra a escala global y de usar mano
de obra barata en todo el mundo como un recurso para maximizar sus ganancias. El
Estado-nación hasta el momento sigue siendo el paradigma de la política, pero
no tiene demasiado poder estratégico frente al capital móvil. La globalización
ha desarrollado un nuevo grupo de actores: los movimientos de la sociedad civil,
como Attac, Greenpeace, Amnesty International, etc.. Estos grupos tienen un
poder especial en base a múltiples recursos. Uno de ellos es la información
que utilizan para denunciar a las acciones del capital y del Estado en temas
como falta de respeto a derechos humanos o al medio ambiente. Otro es la
organización de movi mientos de defensa de derechos del consumidor.
Usted utiliza una fórmula que me llama la atención:
"Piense localmente y actúe globalmente". ¿Qué significa?
Significa que la globalización no es algo
que se remite solamente a cuestiones globales. La globalización cambia la
importancia de la relación con lo local, y cambia la relación de la gente con
lo local. Es al mismo tiempo un proceso de redefinición de lo local. La
globalización significa que estamos a la vez actuando a nivel local pero
tenemos que anticipar y reaccionar en base al proceso que está desarrollándose
en la esfera global. Diría que necesitamos una visión cosmopolita, lo que
implica utilizar una metáfora: tener raíces y alas a la vez.
¡Vaya tarea!
Sí, es todo un desafío. Pero es necesario
para llegar a ser activo y no sólo pasivo en relación con la globalización.
Otro punto que llama la atención: Usted sostiene que
con la globalización la política no termina sino que comienza. Y su visión es
optimista porque rescata la posibilidad de actuar. Esta contrasta con la mayoría
de las visiones respecto de la globalización, que son muy pesimistas y teñidas
de resignación, de adaptación pasiva.
Así es. Tengo una visión activa de la
globalización. Y una de mis ideas principales es que los actores políticos
deben comenzar a aprender cómo organizarse a sí mismos e identificarse con políticas
transnacionales, construyendo, como el capital global ya lo hizo, un nuevo
espacio para la política a nivel transnacional. Inventando nuevas formas de
cooperación entre los Estados, entre la sociedad civil, actores que incluyan
contextos nacionales diferentes para tener una visión de mundo globalizado y
localizado al mismo tiempo. El término apropiado para definir esto sería
"soberanía incluyente".
¿Qué significa?
Que la soberanía ya no puede definirse
como autonomía, porque en condiciones de globalización e interconexión,
muchos problemas ya no tienen soluciones nacionales, como los problemas de
migración, medio ambiente, etc. De todos modos no se puede olvidar que la
cultura del Estado-nación existe.
Es decir, cuando hablo de globalización no
estoy hablando de olvidar la nación. Pero para darle fuerza a la nación hay
que abrirse, el Estado-nación tiene que abrirse y ser incluyente para otros países.
Por ejemplo, para afrontar problemas como el cambio climático o la situación
del estado benefactor, cada Estado necesita cooperar con otros Estados. En América
Latina quizá, podría ser una unión de Estados sudamericanos como nosotros
tratamos de tener una Unión Europea. Alemania coopera en esa Unión, pero no
pone fin a la soberanía del Estado individual sino que fortalece la soberanía
del Estado para solucionar los problemas nacionales que se registran en un mundo
interconectado. De allí que mis últimos libros se hayan centrado mucho más en
el concepto de cosmopolitismo. Ya mencionamos ese concepto, pero me gustaría
desarrollarlo...
Si Ud. tiene tiempo, fantástico, adelante.
En alemán existe una expresión que me
parece más adecuada que la de cosmopolita. Es "Welt Bürger" que se
traduce como ciudadano mundial, o el ciudadano del mundo. Este es un significado
que sirvió de fondo a la discusión del XVIII y XIX. En ese momento hubo un
gran debate referido a cómo relacionar la idea de ciudadano del mundo o el
cosmopolitismo con patriotismo, con el nacionalismo. Hoy podemos usar el
concepto de cosmopolitismo de una manera nueva. Porque la sociología, la
ciencia política, muchos otras humanidades son en gran medida prisioneras del
Estado-nación en su pensamiento. Ello se remonta al siglo XIX cuando se
desarrollaron las ciencias sociales con los supuestos del Estado-nación como la
unidad básica para la sociedad, la cultura y la identidad política. Pero
ahora, como hablábamos al comienzo, vivimos en un mundo en el que las fronteras
geográficas o territoriales, las fronteras económicas, culturales y políticas
ya no coinciden. La gente vive en distintos países a la vez, diferentes
identidades culturales al mismo tiempo. La globalización significa que el
espacio del Estado-nación no es la unidad de la acción y el pensamiento económico,
etc. De modo que necesitamos una perspectiva distinta.
Sencillamente, no podemos seguir usando el
Estado-nación y la sociedad del Estado-nación como unidad de investigación.
Es lo que yo llamo: nacionalismo metodológico. Un nacionalismo que está siendo
reproducido en el nivel de las ciencias sociales porque los supuestos básicos
del nacionalismo son los supuestos básicos de teorías políticas y sociales. Y
esto debe superarse. Ante todo, debemos redefinir unidades transnacionales de
investigación, como por ejemplo Europa como una unidad transnacional pero otras
formas de identificar unidades para estudiar la interacción de los diferentes
actores globales como hacemos en nuestro programa de investigación. Tenemos regímenes
transnacionales como unidades de investigación, movimientos sociales, Estados,
expertos que combinan sus reflexiones para dar respuestas a riesgos globales,
por ejemplo. En realidad, cosmopolitismo significa una nueva región para las
ciencias sociales que trasciende y pasa a ser el nacionalismo metodológico.
Está proponiendo pasar a un nuevo paradigma científico.
Sí, un nuevo paradigma para las ciencias
sociales.
¿Y quienes son los actores sobresalientes del
cosmopolitismo?
Los actores de ese mundo no son sólo los
miembros de las élites o los capitales globales. Los hay también en otros
niveles, como por ejemplo los profesores universitarios...
Que, como Usted, andan por todo el mundo...
Sí, pero además de los profesores o de
otros profesionales que por su trabajo tienen que desplazarse por diferentes países
y culturas, el cosmopolitismo lo encontramos también en los inmigrantes. Ellos
fuerzan al cosmopolitismo porque son los que acumulan conocimiento para saber cómo
interactuar entre las fronteras, y usan las diferencias en las regulaciones y
las culturas para construir su propia forma de vida. Esos inmigrantes-emigrantes
modifican las fronteras, combinan las lenguas, las leyes, los sistemas, etc., o
sea que están construyendo espacios transnacionales para vivir y actuar. Y eso
es de alguna manera un paradigma del futuro, están poniendo en escena un nuevo
modelo de cosmopolitismo.
Copyright
Clarín, 2007.
Fuente:
Diario «Clarín», Suplemento «Zona», 11 de noviembre de 2007.
.![]()