Aumentaron los casos de trata de personas

En un mes y medio fueron rescatadas cuatro chicas que eran esclavizadas

Las menores eran engañadas por gavillas que las maltrataban y las obligaban a prostituirse

Yamila tiene 13 años. Su corta edad no le impidió juntar coraje para escapar de una pesadilla que duró ocho meses. La niña vive en Rafael Calzada, en el conurbano, con su madre y sus hermanos. Durante casi 250 días estuvo lejos de su hogar, en un pueblo de Misiones donde la obligaban a hacer tareas domésticas. Vivía como una esclava. Allí quedó embarazada.

"Salió de mi casa para ir a lo de una tía, pero nunca llegó. La capturaron y la subieron en un auto. Primero estuvo en San Miguel, pero después la vendieron a Misiones", contó a LA NACION María Cristina, la madre de Camila, que prefiere mantener su apellido en el anonimato.

La historia de Yamila es una más de las numerosas que ocurren en la Argentina. No hay estadísticas oficiales que reflejen el flagelo de la trata de personas, pero ante el aumento de casos, el Gobierno, en octubre último, creó el Programa Nacional de Prevención y Erradicación de la Trata de Personas y de Asistencia a sus Víctimas. En el Congreso todavía se discuten proyectos para tipificar como delito la trata de personas.

Sólo entre fines de octubre y principios de noviembre últimos fueron recuperadas cuatro chicas que eran explotadas por grupos delictivos dedicados a la trata de personas para la explotación sexual o laboral. Yamila fue una de las menores que pudieron regresar a su casa.

"Resulta política de Estado la prevención en el rastreo para la detención de los responsables por el delito de trata de personas, así como la asistencia a sus víctimas y la sanción a los traficantes e intermediarios", se explicaba en el decreto firmado por el entonces presidente Néstor Kirchner al crear el programa nacional.

Ayuda de organizaciones

María Cristina consiguió ayuda en organizaciones que luchan contra la trata de personas, Missing Children y en la Gendarmería Nacional.

Ante un descuido de las personas que la tenían esclavizada, Yamila se escapó. Corrió y logró refugiarse en una casa de una mujer. Esta persona fue quien llamó a la madre de la menor para avisarle dónde estaba su hija.

"La vida sin Yamila no tenía sentido. Volver a verla fue una alegría. Cuando llegué a Misiones y me reencontré con ella fue terrible: estaba embarazada y tenía una infección. Ahora, por suerte, su embarazo está controlado por médicos", dijo, con alivio, María Cristina. La madre está feliz por haber recuperado a su hija.

Como Yamila. Otra chica de 16 años, identificada con sus iniciales, D. G. N., también fue llevada a Misiones. La subieron a un micro y la bajaron en Puerto Iguazú. Estuvo encerrada en un casa donde se ejercía la prostitución y estuvieron a punto de sacarla del país. Su madre, María de los Angeles, la pudo recuperar a tiempo y ahora está con ella, en su casa de La Matanza.

A otra madre le costó un gran trabajo y más esfuerzo recuperar a dos de sus hijas, que habían quedado atrapadas por una red de trata de personas. A diferencia de Yamila, a L. G., de 22 años, y a V. G., de 18, la organización delictiva las obligaba a prostituirse en Chajarí, en la provincia de Entre Ríos.

L. G. y V. G. son hermanas. Por pedido expreso de su madre, los nombres completos de las jóvenes no van a ser publicados. La mujer afirmó que tiene miedo por la mayor de sus hijas: "La convirtieron en una adicta a la cocaína".

L. G. tiene un bebe de un año y vivía en Quitilipi, en Chaco, con su abuela materna. A principios de noviembre último, embarazada de cuatro meses, llegó a Chajarí engañada. Le dijeron que iba a trabajar en una casa de familia. Pero terminó en un prostíbulo.

"Esta gente les hace un lavado de cabeza a las chicas. Les hacen creer que están bien. Es muy grave lo que pasa en Chajarí", sostuvo la madre de L. G. y V. G., que por miedo tampoco quiere ser identificada.

La mujer, desesperada, comenzó a buscar a su hija mayor. Gracias a la ayuda del hijo de una amiga que, por Internet, encontró información sobre el flagelo de la trata de personas, la madre de L. G. se contactó con ONG que luchan con este problema.

Su otra hija, V. G., que vivía con ella en el partido bonaerense de Almirante Brown, llegó a Entre Ríos para buscar a su hermana y con la promesa de trabajar como niñera. Pero sólo pudo encontrar a su hermana en el pub. A ella también la obligaron a prostituirse.

Cuando desapareció V. G., la mujer se comunicó con Missing Children. También pidió, con poca suerte, ayuda en los tribunales de Lomas de Zamora y en la comisaría de su barrio. Sólo la atendieron cuando llamó al teléfono de emergencias 911.

"La mujer que se llevó a mis hijas tiene prostíbulos en varias ciudades del país. En una fiscalía de Lomas de Zamora no me querían ayudar. Pude comunicarme con esta mujer y ella me decía que mis hijas estaban bien y que no querían volver conmigo", agregó la mujer.

Un problema en el embarazo de L. G. le posibilitó a su madre saber dónde estaban sus hijas. La mujer, después de conseguir dinero prestado, fue en un remise a Chajarí.

"Fue muy difícil, porque en la comisaría me decían que mis hijas estaban bien, que no me querían ver, que eran grandes y habían decidido ejercer la prostitución", afirmó la mujer.

De regreso a casa

Finalmente, después de varias idas y venidas, L. G y V. G. volvieron con su madre. "Me dijeron que tuve suerte de encontrarlas, porque estas organizaciones delictivas trasladan de un lugar a otro a las chicas que trabajan para ellas", contó la mujer.

V. G. está en tratamiento psicológico. "Pero la mayor no quiere saber nada. No se quedó conmigo, volvió a Chaco y todavía la llaman los clientes para que se vuelta. La pesadilla no terminó", dice la madre.

Los casos de Yamila, D. G. N. y de las hermanas L. G. y V. G. son sólo cuatro historias en medio de un flagelo, la trata de personas, que en la Argentina no está tipificado como delito.

Por Gabriel Di Nicola  de la Redacción de LA NACION

Fuente: Diario «La Nación», Sección “Información General”, 17 de diciembre de 2007.

 

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