Arleen
Salles: "En bioética, el gran desafío es contestar la pregunta sobre los
límites morales"
ENTREVISTA
A LA EXPERTA EN BIOETICA
Eutanasia,
clonación, aborto, relación médico-paciente son algunos de los temas más
tensos en las esferas que vinculan ciencia y moral. Por eso, las sociedades no
atinan a acordar criterios homogéneos.
Claudio
Martyniuk
La
bioética es, en su núcleo más duro, una reflexión sobre la vida y la muerte.
Asume como propios los desafíos que provoca el desenvolvimiento de las ciencias
biomédicas y busca contribuir a que las decisiones que deben tomar las personas
y las instituciones se funden en informaciones y argumentos correctos.
Cultivando esta disciplina, Arleen L.F. Salles promueve abordajes que incluyan
la perspectiva de género y, además, que atiendan al contexto latinoamericano.
Esto se refleja en su último libro, escrito en colaboración con Florencia
Luna: Bioética: nuevas reflexiones sobre debates clásicos (FCE, 2008)
La muerte de Chantal Sébire -una profesora francesa de 52 años que
presentaba un tumor que deformó su rostro- provocó perturbación. En vano ella
apeló a la humanidad de la justicia para que se le concediera una muerte digna.
Aunque uno de los principios básicos de la bioética es el de autonomía, las
decisiones acerca del morir han sido secuestradas, alejadas de las personas. ¿De
quién es la muerte?
Dentro de la bioética, existe una tremenda controversia sobre qué significa
ser autónomo y si serlo implica también el tener derecho a decidir sobre la
muerte. Para algunos, uno es autónomo, pero hay decisiones que moralmente no se
deben tomar; por ejemplo, suicidarse. Su pregunta es parte fundamental del
debate. ¿La muerte es de la sociedad, que determina quién puede y quién no
puede, quién debe y quién no debe morir? ¿Es de las personas, porque en tanto
racionales son autónomas y tienen derecho de determinar su final? ¿Es de Dios,
como dice otro grupo de personas? Es un tema en el que no existe consenso y para
el que son inadecuadas las respuestas simplistas.
En el otro extremo, en materia de reproducción de la vida, ¿es prioritario
el debate acerca de la clonación asistida?
Por empezar, en el diseño e implementación de políticas públicas no se
pueden olvidar los derechos morales de las personas. Y yo creo que en gran
parte, cuando se discute sobre la clonación reproductiva y terapéutica, antes
de dar una respuesta tenemos que sentarnos a discutir cuáles son los derechos
morales de las personas y por qué tienen esos derechos. ¿Existe un derecho
moral a la reproducción? ¿Qué implica tal derecho? Hay bioeticistas que dirían
que el derecho moral a la reproducción es lo suficientemente amplio como para
incluir también la clonación reproductiva. Otros, en cambio, conciben ese
derecho a la reproducción -el derecho moral, no legal- como más limitado. Según
lo que uno considere, va a favorecer una política pública o la otra. En tanto
saltemos esa discusión, va a ser difícil que lleguemos a políticas públicas
razonables, porque van a estar basadas en ideologías más que en el examen
cuidadoso de los distintos factores.
¿Pero
se pueden controlar las innovaciones científicas? ¿Pueden ser eficaces los límites
normativos?
Muchas cosas se pueden hacer, pero ¿debemos hacerlo? Existe una tendencia bioética
que promueve que, en tanto se pueda, sigamos. Pero también existe la tendencia
opuesta. De modo que otro desafío es comenzar a responder la pregunta sobre los
límites. No los límites de lo posi ble, porque ciertamente va a ser posible
clonar seres humanos, sino los límites morales. La discusión sobre estos límites
debe evitar convertirse en una confrontación de posturas dogmáticas, como pasa
muchas veces.
¿La discusión no se apoya en una visión moral y una concepción política
de lo que es una persona? ¿No partimos de ahí?
Bueno, ciertamente, uno parte de una determinada concepción. El problema tiene
que ver con que en nuestras sociedades multiculturales, no todos parten de la
misma concepción de persona, no todos tienen los mismos valores, no todos
tienen la misma cultura. Entonces, ¿qué hacemos? Porque las políticas públicas
nos van a afectar a todos, no sólo a un grupo. En el nivel de las políticas públicas
es necesario analizar entonces los distintos factores y límites morales que
puedan ser aceptados por todos en una sociedad multicultural.
¿Hay una bioética feminista?
Sí, existe una bioética feminista que ha cambiado los términos de la discusión
bioética. La bioética feminista toma la categoría de género para analizar
los distintos problemas éticos que surgen en la medicina y en las ciencias biológicas.
Y es una corriente muy importante, que comenzó críticamente, pero ahora
formula abordajes constructivos. Por ejemplo, aportando una noción de autonomía
donde las relaciones estén incluidas. En vez de la noción de autonomía como
independencia, como falta de interferencia de los demás, se brinda una noción
de derecho que no sea antagónica -la perspectiva jurídica moderna parece decir
que si yo tengo derecho a esto, usted tiene una obligación hacia mí, y nos
pone como adversarios. El feminismo reflexiona también sobre cómo ciertas prácticas
afectan en particular a las mujeres. Supongamos que aceptamos la clonación
terapéutica, esto va a requerir óvulos para producir embriones -no embarazos,
óvulos para producir embriones, de los cuales se van a derivar las células
madres. Esos óvulos, ¿de quiénes van a salir, de qué mujeres? ¿Sólo de las
de un sector social privilegiado? El feminismo empieza a reflexionar sobre cómo
son afectadas las mujeres, y dentro del grupo de mujeres, ¿qué mujeres en
particular? Esto no implica rechazar la clonación terapéutica, sino que si
llega a ser una realidad, tenemos que tener mucho cuidado con cómo se hace,
porque puede provocar inequidades.
¿Qué rasgos tendría la ética del cuidado feminista que promueve para la
bioética?
La ética del cuidado valida los afectos y las emociones. La voz de las mujeres
es diferente a la tendencia de los varones, cuando discuten temas morales. A
partir de ahí, surge una ética que, en vez de principios, trata de darle más
cabida a los afectos, a las relaciones personales. Me refiero a concentrarse en
los intereses de las mujeres, aportando esta noción de cuidado por el otro, de
atención a las necesidades del otro, de percepción moral. La ética del
cuidado nos está diciendo que el hecho de tener emociones, en lugar de
dificultar la tarea moral, nos da otro elemento para entender a los demás;
muestra que no se trata de ser sólo racionales en la moralidad. Uno puede ser
perfectamente racional y no darse cuenta de que está presenciando una
injusticia, pero si uno está emocionalmente comprometido sí se advierte. La
noción de cuidado tiene que ver con el estar emocionalmente involucrado con
otros, con una situación o una causa.
Ante el médico, el paciente se encuentra en una posición subalterna. ¿Es
ella legítima?
Con Florencia Luna distinguimos entre los problemas atractivos de la bioética y
los aburridos. Hay problemas que a todo el mundo le llaman la atención: clonación,
por ejemplo. La relación médico-paciente es aburrida, parece no importarle a
nadie. Y sin embargo es uno de los temas más importantes porque, en realidad,
no toda persona en su vida va a tener que llegar a la decisión de si clonar o
no, llegar a la eutanasia o no, abortar o no. Sin embargo, toda persona tiene
que ir a un médico en algún momento de su vida. De modo que la moralidad de la
relación médico-paciente es sumamente importante. Es una relación que parece,
por principio, ser desigual, porque uno va al médico sintiéndose vulnerable, y
el médico tiene una serie de poderes. Pero, por otro lado, el paciente debe
tomar decisiones que son fundamentales. Entonces, el tema es cómo empoderar a
un paciente para que él gane un poco de poder en esa relación.
¿De qué manera?
Hay varias perspectivas al respecto. Algunos dicen que el médico tiene que
dejar parte de su poder y simplemente debe informar, presentar opciones y que el
paciente elija. El médico se convertiría en una especie de experto que da las
opciones, pero queda ahí, no se involucra más allá de eso. Esta perspectiva
es bastante controvertida, porque ¿hasta qué punto un médico que simplemente
nos da opciones, por muy informadas que sean, nos está ayudando a tomar una
decisión que nos empodera?
¿Qué implica el empoderamiento?
Se trata de hacer del paciente un agente moral permitiéndole no sólo tomar
decisiones y darle todo un repertorio de opciones, sino también construyendo su
dolencia junto con el médico. Que el paciente no sea el que simplemente va y le
cuenta al médico lo que le pasa, y el médico responda lo que quiere, sino que
se trata de que ambos construyan juntos una historia de esa enfermedad o de la
dolencia, que ambos la discutan, que ambos cumplan un rol importante en las
decisiones que se toman. Sería reconocer que el paciente es un agente moral,
que va a tomar decisiones, porque debe tomarlas, y que el médico también es
parte de lo que se está discutiendo.
El
debate que viene sobre embriones
La
problemática de las células madres es altamente compleja, porque todavía está
en plena investigación. "Hasta ahora, afirma Salles, las células
troncales más plásticas son las embrionarias. A fines del año pasado, dos
grupos de científicos -trabajando independientemente, uno en Japón y el otro
en los Estados Unidos- tomando células de la piel lograron volverlas a su
estado embrionario, de modo que serían equivalentes a células troncales de
embriones. Eso sería algo especta cular porque, en realidad, no se necesitarían
más embriones. No se necesitarían mujeres que den óvulos. Pero algunos de los
agregados que debieron utilizar, especialmente el grupo japonés, para que esas
células volvieran a su estado embrionario, era cancerígeno. Entonces, todavía
hay que esperar que esto, que es un descubrimiento promisorio en pañales, no se
convierta en una tragedia".
Ante la clonación, la Argentina ha
oscilado. "Al principio, recuerda Salles, se opuso a la clonación, tanto
terapéutica como reproductiva. Luego, Bélgica propuso que se prohibiera la
clonación reproductiva, pero que la clonación terapéutica quedara a criterio
de cada país. Y la Argentina, aparentemente, está inclinándose hacia esa
postura, más abierta a la clonación terapéutica, no aceptando la
reproductiva. Así, una vez que sí se acepte la clonación terapéutica, se
abre todo el tema del estatus moral del embrión, de la permisibilidad de
destruir embriones para ayudar a otros, o sea, de instrumentalizar a los
embriones, cuestión que se conecta con el tema del aborto".
Señas particulares
Profesora en la Univ. St. John (N. York).
Coordina la colección "Philosophy in Latin America". Su último
libro, con Florencia Luna, es "Bioética: nuevas reflexiones sobre debates
clásicos" (FCE).
NACIONALIDAD: ESTADOUNIDENSE
ACTIVIDAD: DOCTORA EN FILOSOFIA
(UNIVERSIDAD DE NUEVA YORK)
Copyright Clarín,
2008.
Fuente:
Diario «Clarín», Suplemento «Zona», 20 de abril de 2008.
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