Persistencia de la pena de muerte

A pesar de que la cultura de los derechos humanos ha crecido de un modo notable después de la Segunda Guerra Mundial, son muchos los Estados que siguen aplicando modos de sanción incompatibles con el respeto de la dignidad y de la vida de las personas.

Así, la pena de muerte todavía se mantiene en numerosos países y son veinte mil las personas en el mundo que han recibido una condena a esta sanción y esperan su ejecución, según informó Amnistía Internacional. China es el Estado que más recurre a esta sanción, concentrando el 80% de las 2.148 aplicaciones de muerte que se efectuaron en 2005. Irán, Arabia Saudita y Estados Unidos le siguen en orden de importancia. Justamente, también en Irán y EE.UU. la pena de muerte se les aplica a menores de 18 años.

A pesar del número de condenados, ha ido creciendo en las últimas décadas el número de países que abolieron este castigo. La mayoría de las naciones la rechazan. Muchos ya la descartaron de plano; unos pocos la mantienen para delitos gravísimos o de guerra pero de hecho no la aplican. Además, ha ido avanzando la adhesión a los protocolos internacionales que rechazan la pena de muerte.

Son múltiples las razones que fundan el rechazo a la pena de muerte. No se ha demostrado que cumpla una función disuasiva, por lo cual su vigencia no ha logrado reducir el nivel del crimen. Además, el hecho de que sea una sanción irreversible impide corregir errores judiciales y restablecer en vida el buen nombre y honor de una persona. Parece tratarse más de una forma de venganza que de una sanción establecida conforme a valores éticos razonables y propios de una cultura humanista.



A pesar del avance de la cultura de los derechos humanos, unas veinte mil personas aguardan que se les aplique la sanción capital. Esta pena impide corregir errores judiciales y no ha demostrado tener poder disuasivo.

 

Fuente: Diario «Clarín», Sección “Opinión”, 26 de abril de 2006.


 

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