El
"Consentimiento Informado", un documento fundamental, pero que el 40%
de los pacientes firma sólo para poder operarse
Un
nuevo estudio británico confirma que muchos pacientes tienen una visión burocrática
del consentimiento, e incluso se sienten asustados o presionados por tener que
firmarlo. ¿La razón? Un desconocimiento que no los hace reconocerlo como un
documento útil a sus intereses.
Mariana
Nisebe. De la Redacción de Clarín.com
Muchos
pacientes parecen tener poco conocimiento de las implicancias legales de la
firma del Consentimiento Informado y no lo reconocen como un documento útil a
sus intereses, según afirma una reciente investigación, publicada en el British
Medical Journal. Y las cifras no mienten: uno de cada diez pacientes
afirmó que no sabía lo que convino cuando firmó el
consentimiento, y un 40% que lo había firmado simplemente para poder
tener su operación. A estos datos hay que sumarle que casi la mitad de
todos los participantes (el 46%) creyó que la función principal de firmar la
forma del consentimiento era proteger al hospital contra
posibles juicios, y dos tercios (el 68%) que le dio control
total sobre lo que sucedió a los médicos.
Por Consentimiento Informado o CI, se entiende, según un texto
publicado por la Asociación Argentina de Cirugía, " al acto de
decisión voluntaria realizado por una persona competente, por el cual
acepta o rechaza las acciones diagnósticas o terapéuticas sugeridas por sus médicos,
fundado en la comprensión de la información revelada respecto de los riesgos y
beneficios que le pueden ocasionar". Roberto Arribere, abogago
especializado en Bioética explicó a Clarín.com: "Es un proceso
de nivelación de la asimetría existente en la relación médico
paciente, con un profundo contenido ético a través del cual el paciente va
recibiendo información por parte del médico , para procesarla,
discutirla, aclararla y/o ampliarla en lo que considere el paciente necesario, a
fin de poder expresar una manifestación de su voluntad de aceptar, o rechazar,
en forma verdaderamente autónoma la practica o tratamiento que se le
propone".
Trabajos anteriores, explicaron los autores de esta nueva investigación,
conducida por el departamento de obstetricia y ginecología de un importante
hospital escuela inglés, que consultó a 1040 pacientes, ya sugerían que
"muchos pacientes tienen del consentimiento escrito una visión
ritualista y burocrática, e incluso se sentían asustados y
presionados por tener que dar consentimiento escrito y reportaron que no
lo leían y que no lo entendían".
En los últimos años, destaca el doctor Arribere, "se ha producido una
suerte de sublimación del Consentimiento Informado que lo ha llevado al grado
de estrella de todo acto médico. Ese repentino vedettismo no
le ha hecho ningún bien, ya que se lo ha vaciado de contenido y finalidad,
para reducirlo a una imposición legal meramente burocrática, que el paciente
debe firmar abruptamente, en la mayoría de los casos, cuando se interna y se
halla en las puertas del quirófano". Al respecto, explica la psicologa Rut
Willner de Dresdner: "comprender la información no es lo mismo que procesarla
y tramitarla internamente". Esto lleva su tiempo, por lo que no
puede dársela minutos antes de una cirugía.
No es casualidad entonces que el 12% de los consultados vea al CI como
"apenas otro pedazo de papel que tuvieron que tratar" o que sólo el
41% sintiera que representaba sus deseos. Y, aunque los pacientes identificaron
varias ventajas importantes del proceso del consentimiento, como que su firma
implicaba que entendían qué iba a sucederle (el 86%) o qué riesgos implicaba
tener una cirugía (el 82%); también quedaron en evidencia muchas dudas como
que no sabían si podían cambiar de opinión después de haber firmado o si tenían
luego derecho a iniciar juicio por mala praxis.
"Tanto el Estado, como los establecimientos asistenciales y los
profesionales de la salud recurren, en general, a la firma del CI como forma
de resguardar su responsabilidad profesional ante la posibilidad de un
reclamo por mala praxis, lo que constituye en grave error. En efecto, el
CI no puede asimilarse a un recaudo o cláusula contractual que, a fortiori,
exima la responsabilidad del profesional, explica el doctor Arribere, y agrega:
"la mayoría de las leyes sancionadas en materia de salud en el ámbito
nacional y/ o local imponen la firma del CI por el paciente, o su representante
legal tratando de lograr una aceptación autónoma y competente
del acto o prestación de que se trate".
Los resultados, destacan los autores del estudio británico, son la
"evidencia que incluso cuando el proceso del consentimiento satisface los
requisitos administrativos y legales, las necesidades de los pacientes no
son resueltas. Existen importantes incertidumbres, incluyendo qué
sucede si
el paciente se niega a dar su consentimiento. Debe quedar entonces
claro la esencia, contenido y finalidad de un auténtico CI, recalca el doctor
Arribere, "que no puede ser sino el punto intermedio entre el mero trámite
burocrático, carente de toda ética que impide aquel proceso y el
encarnizamiento informativo que ahoga la competencia del paciente impidiéndole
una decisión autónoma". Es así que se genera otro debate sobre qué
debe contener el consentimiento.
Por otro lado, agrega la licenciada Willner de Dresdner, debe existir una
adecuada relación médico-paciente; ya que se parte de una relación asimétrica
donde hay alguien que sufre y necesita algo y otro en quien está depositada la
posibilidad de revertir esto; lo que hace difícil que alguien no consienta el
tratamiento que propone su médico. Por eso el CI, intenta afianzar la relación
permitiendo la libre decisión del paciente sin mediatizarla aún más. Y
coincide con las conclusiones del reciente estudio p ublicado en el BMJ,
donde se afirma que "los procedimientos actuales del consentimiento parecen
inadecuados como expresión de la voz autónoma y credibilidad ética
por lo que deberían reformularse".
Fuente:
Diario «Clarín», Sección “Conexiones” —internet—, Salud, 08 de
agosto de 2006.
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