Por: Anthony Giddens, EX DIRECTOR DE LA London School of Economics
No veo ninguna política implementada en este momento que esté a
la altura de la magnitud del problema del cambio climático. Muchos suponen que
las tecnologías eólica, solar, térmica y otras con bajo consumo de carbono
pueden reemplazar progresivamente a los combustibles fósiles. Pueden ser parte
de la solución, indudablemente, pero vamos a avanzar muy poco reduciendo las
emisiones a menos que podamos enfrentar el consumo. El cambio de estilo de vida,
y a un nivel generalizado -en todo el mundo industrializado- es una exigencia.
En lo que se refiere a los países más pobres del mundo, la tarea es igualmente
formidable o quizá más todavía. Esencialmente, hace falta un nuevo modelo de
desarrollo. China, India, Brasil y otros países en desarrollo tienen derecho a
aspirar a niveles de vida comparables con los del mundo desarrollado. Pero más
allá de cierto punto, les resultará imposible transitar el mismo camino que
siguieron los países ricos; las consecuencias destructivas en relación al cambio
climático serán demasiado grandes.
Lo que hace falta es una gran cuota de pensamiento creativo, y éste deberá ser
en su mayor parte social y político.
Por otra parte, son pocos los medios para asegurar que los países que firman los
acuerdos internacionales realmente van a cumplir. ¿De qué sirve que los Estados
acepten fijarse objetivos si no se ajustan a ellos? Una inspección regular de
los avances a cargo de un organismo u organismos internacionales ayudará, pero
acusar y denostar sólo tendrá efecto marginal. Deben encontrarse sanciones de
mayor alcance, pese a lo difícil que resulta esta tarea ante el hecho de que los
Estados custodian celosamente su soberanía.
Por último, se debe saber que los acuerdos estilo Copenhague solamente llegan
hasta cierto punto. Los pactos bilaterales serán sumamente importantes, sobre
todo entre China y Estados Unidos, los dos mayores contaminadores del mundo. Hay
muchísimo trabajo por delante y hace falta un pensamiento novedoso.
Copyright Clarín y Global Viewpoint, 2009. Traducción de Cristina Sardoy.
Fuente: Diario «Clarín», Sección “Opinión”, 15 de diciembre de 2009.
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