La nueva frontera de los cientificos

 

  Los embriones, materia prima de las supercélulas

 

         Tras la clonación de animales, se empezó a hablar de la posibilidad de clonar seres humanos. La opinión casi universal es que esto no se puede hacer, por razones éticas y biológicas.

            Pero la clonación que promueve el gobierno inglés es algo muy distinto. Lo que se analiza en Gran Bretaña es la clonación, no de un individuo, sino de células derivadas de embriones humanos.

            ¿Para qué? Una de las razones es que de tales embriones se podrían obtener “células todopoderosas” de gran valor médico, capaces de originar todos o muchos de los tipos celulares de los diversos órganos del cuerpo humano: cerebro, corazón, hígado, músculos y muchos otros.

            El desarrollo del embrión pasa por una serie de etapas. La primera fase tiene lugar alrededor del duodécimo día, cuando el embrión está conformado por una bolita, la blástula, que contiene un millar de células. En su interior se forma una pequeña masa celular llamada masa celular interna. A medida que se desarrolla el embrión, esta masa origina el cuerpo del animal, mientras que de las otras células de la bolita se desarrollan la placenta y las membranas que rodean el embrión.

            Las células “multipoderosas” de la masa interna, que pueden originar diversos tipos de células, se conocen con el nombre de células germinales o células madre. Se las puede cultivar in vitro durante un período bastante largo sin que cambien sus características.

            Si se las mantiene en condiciones adecuadas, las células germinales, incluso las humanas, dan origen a luego a células diferenciadas de distintos tipos; epiteliales, musculares o nerviosas. Durante el desarrollo posterior del embrión, las células de la masa interna proliferan y cambian, vale decir que se diferencian según los diversos tipos celulares del organismo adulto.

            La propuesta de clonación que se estudia en Gran Bretaña consiste en retirar las células de la masa interna antes del decimocuarto día y ponerlas en cultivo. Las células de la masa interna se podrían obtener del excedente de embriones que se da en la práctica de la fecundación in vitro. En esta práctica se suelen generar más embriones de los que se implantan  en el útero de la madre. El destino de esos embriones sobrantes es siempre la destrucción.

            Las propiedades de las células germinales pueden utilizarse para desarrollar nuevos tratamientos para distintas enfermedades causadas por la muerte de un determinado tipo de células. Un ejemplo es el mal de Parkinson, producto de la muerte de las células nerviosas de un pequeño sector del cerebro. Ya desde hace tiempo varios investigadores experimentan la idea de implantar en las regiones enfermas células que puedan reemplazar a las que murieron, pero hasta ahora no han tenido éxito. Las células germinales brindan probabilidades de éxito mucho mayores.

            Este es el centro de debate. Quienes se inclinan por este tipo de terapia, dicen que ofrece posibilidades que ningún otro tipo de tratamiento puede brindar. Pero se objeta la intervención sobre embriones humanos, por razones éticas.

            De imponerse las teorías contrarias, ¿habrá que renunciar al desarrollo de estas nuevas terapias? No, no es así, porque hay otra fuente de células germinales. Se creía que sólo era posible obtener células germinales a partir de embriones, pero ahora se sabe que algunos órganos tienen células que pueden originar todos, o por lo menos algunos de los tipos celulares del órgano en el cual se encuentran.

         Estos nuevos descubrimientos abren otro campo: la utilización de células germinales del organismo adulto. Esta posibilidad se ve reforzada con un nuevo hallazgo: las células germinales de un órgano determinado no sólo pueden generar células de ese órgano, también pueden generar otras: células musculares, sanguíneas, cardíacas, hepáticas e intestinales. El uso de tales células no traería aparejado los problemas éticos que plantea la utilización de células embrionarias.

 

 

Fuente: Diario “Clarín”, Sección Información General, por Renato Dulbecco (Premio Nobel de Medicina 1975; además es  “parte italiana” del proyecto internacional Genoma Humano). 09/09/2000

 

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