Entrevista
con el Dr. Volnei Garrafa (*)
—
¿Cómo se plantea hoy día la cuestión referida a la investigación en seres
humanos?
—
La referencia internacional para la investigación en seres humanos se da a
partir de la declaración de Helsniki del año 1964 de la Asamblea Médica
Mundial y el tema fundamental es que todos los sujetos humanos de
investigaciones deben ser iguales o sea todos somos iguales en el sentido de
ciudadanos, en el sentido de los derechos humanos. Entonces, ningún país tiene
el derecho de aplicar una investigación en otro país si él no hace la misma
investigación en su propio país.
— ¿En qué sentido las grandes
potencias pretenden imponer la importación acrítica de una ética a los países
subdesarrollados?
— Yo creo que por detrás de todo esto
existe un fundamentalismo económico, que mueve a los laboratorios internacionales que tienen que
justificar económicamente las grandes inversiones que hacen en investigaciones
para descubrir nuevas medicinas. Por ejemplo el programa del SIDA en África, se
mueren millones de personas y los cócteles anti-retrovirales no son caros, lo
que es caro es la patente, entonces se muere gente porque no puede adquirir una
medicina que no es cara en sí, pero que es cara en el comercio internacional.
De acuerdo con esto, mi interpretación es que esos laboratorios tienen la necesidad de vender estas novedades a
los otros países y quieren tratar de imponer una ética foránea a esos países,
quiere decir lo siguiente: los patrones éticos de las investigaciones deben
estar con las posibilidades y la legislación de cada país, un país pobre como
Uganda que dispone de cinco o seis dólares al año en salud no tiene nada,
entonces lo que llega —aunque sea por medio de investigación— ya es mejor
que nada. Esto es muy insólito, inadmisible.
— A lo largo de su conferencia
destacó como conceptos fundamentales el de “vulnerabilidad” y
“diferencia”, ¿podría definir cada uno de estos conceptos y explicarnos cuál
es la relación existente entre ellos?
— Creo que las mujeres con los
movimientos feministas de los años 50’ y 60’ enseñaron a todo el mundo que
ser diferente no significa ser desigual, son diferentes física y biológicamente,
pero no son desiguales. Los negros comprendieron muy bien esto, mostraron su
piel que era de otro color pero no por ello eran desiguales, los homosexuales,
los indígenas, etc. Entonces hoy día hay que respetar esas diferencias y
pienso que esta es una de las bases de la bioética, la cuestión del respeto al
pluralismo moral. Ahora, el tema de la vulnerabilidad es que determinados grupos
sociales son más vulnerables que otros, y esos grupos sociales exactamente por
vulnerables pueden ser los grupos sociales más desprotegidos por la investigación
y por la ética. En general, en estas investigaciones nuevas procuran grupos
vulnerables porque como son más vulnerables es más fácil hacer (por ejemplo)
las investigaciones con los negros. Pero yo creo que los grandes vulnerables de
hoy día son los pobres. No es que los africanos son negros, son negros y además
son pobres. Por eso hacen las cosas que están haciendo con las investigaciones
en África.
— ¿Cuál es su posición frente a
la investigación, prevención y el tratamiento del HIV?
— Yo creo que el HIV es una enfermedad
muy compleja. Hoy ya tenemos algunas formas de control de la misma. Creo que básicamente
se debe prevenir con información o sea la prevención es realmente fundamental.
Ahora, los países que tienen ese problema tienen la obligación de promover
atención a sus enfermos. Brasil tienen una experiencia bastante rica en ese
sentido. Y mira, creo que es importante traer a discusión el tema del
preconcepto con relación al SIDA. Del inicio de los años 80’, cuando
comenzamos a conocer el problema del SIDA, los homosexuales eran el gran
problema y hoy los homosexuales ya no son más el grupo de mayor riesgo. En
Brasil, por ejemplo, hoy en día la proporción de mujeres y hombres afectados
por el SIDA es uno a uno y hace quince años eran veinte por uno, es decir,
veinte varones por una mujer. El gran peligro, en Brasil, de transmisión de
SIDA está en el hombre casado que es bisexual y que su mujer no sabe, con lo
cual se lo transmite a ella. Actualmente los homosexuales se están protegiendo.
Entonces, mira cómo el estudio de la interpretación de la realidad social, de
las costumbres de la sociedad son absolutamente importantes para el estudio, la
transmisión, el control, el tratamiento y la prevención de las enfermedades.
— A raíz de la calificación que
Usted ha dado a la ciencia y a la tecnología como anti-democráticas, ¿cómo
relaciona la bioética con la política?
— Creo que son anti-democráticas
porque hoy día tenemos un desarrollo científico y tecnológico extremamente
avanzados, ya podemos hacer prácticamente todo. Pero tres cuartas partes de las
poblaciones humanas no tienen acceso económico para esos beneficios, por esto
digo que son anti-democráticas. Yo pienso que por esto la bioética de Latinoamérica
y de los países periféricos tiene que ser una bioética contextualizada en los
problemas sociales, no olvidarnos de los problemas de fronteras, de límites.
Pero tenemos que poner más atención a los problemas cotidianos, a los temas
que yo denomino “persistentes”, porque persisten insistentemente desde el
Antiguo Testamento. Entonces el tema de exclusión social, la pobreza (entre
muchos otros) son temas que no pueden dejarse de lado, no se los puede apartar
de la pauta bioética actual.
— Para finalizar, ¿qué opinión le
merecen estas VI Jornadas Argentinas y Latinoamericanas de Bioética y los temas
abordados en las mismas?
— Extraordinarias, realmente me encantó
estar una semana aquí en la ciudad de La Plata, en conjunto con conferencistas
nacionales de la más alta calidad y de algunos internacionales como James
Drane, Adela Cortina y otros. Para mí es un honor y al Dr. Pedro Federico Hooft
debo congratularlo porque ha organizado con el Dr. José Alberto Mainetti un muy
buen congreso, con una frecuencia muy selecta. Yo regreso a mi país
verdaderamente feliz por haber participado de estas jornadas
de Bioética.
Por
Lynette Hooft.
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