Entrevista con el Dr.
James Drane. Profesor Emérito de la Universidad de Edinboro de Pennsylvania,
Doctor en Filosofía . Especialista en Bioética. Invitado Especial de las VI
Jornadas Argentinas y Latinoamericanas de Bioética.
En el marco de las VI
Jornadas Argentinas y Latinoamericanas Usted ha dado una conferencia que lleva
por título: “El suicidio asistido ¿solución médica o problema público?.
¿Podría indicarnos cuáles han sido los lineamientos generales de la misma?
El eje de la conferencia tenía
que ver con la ayuda que se le brinda a los pacientes en el proceso de morir;
con distinguir las diversas maneras de ayudar a los pacientes. He querido
comunicar la idea de que los seres humanos necesitamos ayuda en muchas
situaciones y, especialmente, en la de la muerte. Una comunidad, una sociedad,
un sistema médico humanitario tiene que planear la ayuda que se va a dar, y
esto es, la ética de la muerte, la ética del morir.
He tratado de distinguir las maneras clásicas tradicionales de ayudar a las
personas en el proceso de morir de una manera de ayudar moderna (reciente) que
es ‘ayudarles a suicidarse’. Siempre hay ayuda y la ayuda nueva que se ha
propuesto es la ayuda en el suicidio. He sometido a este nuevo tipo de ayuda a
un análisis, analizándolo desde un punto de vista clásico norteamericano
que es la autonomía individual. Y, desde este punto de vista, parece
completamente lógico y ético, si la persona quiere suicidarse.
Es decir, si la persona es capaz de tomar una decisión, éticamente ésta es
una decisión buena. Esto es una perspectiva muy divulgada en mi cultura
(norteamericana). He tratado de someter esta perspectiva a un análisis que
toma en cuenta lo que yo llamo una perspectiva más bien latina que no basa la
ética exclusivamente en el individualismo sino que la basa en la solidaridad
con la comunidad, con la sociedad, con los otros. Y mirando el suicidio desde
esta perspectiva, surge una mirada ética distinta. No es del todo ético
suicidarse porque este acto tiene una mala influencia en la comunidad,
especialmente en la parte joven, en las personas más vulnerables, en aquellos
que están afectados por enfermedades mentales, en los que sufren el
desempleo. La influencia de una legislación de la asistencia al suicidio
va a afectar a toda esta parte de la sociedad (los grupos más
vulnerables).
A su criterio, ¿Cuál
es la perspectiva médica del suicidio?
Yo he tratado de enfocar el
problema del suicidio legislado desde una perspectiva médica. Dentro de la
cultura jurídica hay argumentos a favor y en contra del suicidio, pues los
argumentos del efecto de la ley por ejemplo. Pero la perspectiva distinta, que
he querido introducir, es la médica y, asimismo, la “contagiosidad” que
la uso como ejemplo de una enfermedad, pues hay enfermedades que son
contagiosas y yo he tratado de enseñar la posibilidad de que el suicidio
divulgado en una comunidad va a ser como una epidemia y va a influenciar a
mucha gente.
Usted puso dos
ejemplos del ámbito literario, el primero con relación a las obras de
Shakespeare y el segundo a la obra “El joven Wherter” de Goethe, ¿cuál
es el rol de estas obras literarias en su discurso?
Los dos son ejemplos de la práctica
del suicido cualquier sociedad, en la sociedad inglesa de la época de
Shakespeare y en la sociedad de Goethe. También he utilizado ejemplos de
Tokio y norteamericanos, y en todos los ejemplos hay una “contagiosidad”
evidente. El suicidio es una realidad que tenemos que enfrentar y debemos
tratar de analizarlo y responder a esta realidad.
¿Cuál es la vía que
Usted encuentra para enfrentar esta realidad que es el suicidio?
Mi manera de enfrentarlo
viene de mi experiencia con psiquiatría. Para hacer bioética, creo, que hace
falta formarse en ética (disciplina filosófica) y en medicina, si haces bioética
en el sentido de ética de la medicina. Hay muchos tipos de bioética, pero lo
que hago yo es bioética en el sentido de ética médica. Mi formación ha
sido en ética y en medicina, especialmente en psiquiatría. Esta es la
perspectiva que yo tengo y he tratado de convencer a la gente que cuando, en
general, hay un suicidio hay un caso de enfermedad mental y una situación
penosa, negativa en una vida: falta de empleo, ruptura de una relación,
alcohol, drogas. Si vinculamos todas estas situaciones negativas con una
enfermedad mental tenemos la posibilidad de un suicidio.
Hay algo que no he dicho en mi conferencia pero que diré aquí. La situación
negativa (todos tenemos situaciones negativas) no causa por sí misma el
suicidio pero cuando la vinculamos con una enfermedad mental o debilidad
psiquiátrica es como un sistema inmunológico débil y cuando tienes un
sistema inmunológico débil, entonces cualquier situación te hace daño.
Pienso que en la mayoría de los casos de suicidios —aunque hay
excepciones— se encuentra un sistema inmunológico psiquiátrico débil y
una situación negativa. Mi perspectiva es que debemos ayudar a las personas
con estos sistemas inmunológicos débiles. Creo que tenemos que intentar
ayudarles en vez de decirles que tienen derecho de suicidarse.
Cambiando de tema. Me
gustaría saber ¿cuál es su visión respecto de los medios de comunicación
y cuál es la posible relación entre éstos y la bioética?
Yo he estado en el inicio de
la bioética por completa casualidad. Tenía un amigo que fue director de una
revista muy importante, y justo en ese momento yo había escrito un artículo
sobre el Control de la Natalidad que había generado cierta repercusión en la
sociedad. Por lo que, cuando él recibió ayuda de una fundación para hacer
un viaje alrededor del mundo yo fui con él. Él estudió las leyes sobre el
aborto en todas las culturas, y yo las leyes sobre el control de la natalidad.
Durante este viaje mi amigo siempre pensaba en dejar la revista para
establecer un instituto para la ética médica. Lo hizo. Este instituto se
llama “Hastings Center” y es el primer instituto y la primera revista de
esta disciplina llamada bioética. Por esto te digo que he estado siempre con
la bioética y, en su desarrollo he reconocido la labor del periodismo porque
al principio había casos que los periodistas consideraron de interés público
y ellos los investigaron, los publicaron y de ese modo todo el mundo se informó
sobre la complicación de ciertos casos médicos. A través de sus artículos
informaban acerca de la manera ética de solucionarlos y enseñaban a la
población qué está bien y qué no. Estos casos fueron tan importantes, tan
conocidos y tan bien articulados que en un cierta época había más
ciudadanos que sabían y entendían el caso de Karen Anne Quinlan que los que
conocían quién era el presidente norteamericano. ¿Puedes imaginar esto?,
pues esto es la realidad. Todo el mundo sabía de ella porque había suscitado
gran interés. Los periodistas supieron reconocer este interés y con su
investigación y su atención cuidadosa a las particularidades del caso
comunicaron a toda la población. Sin el periodismo no habría esta
disciplina, o habría pero no sería tan conocida. Los periodistas tienen un
rol importantísimo, pero hacen falta periodistas preparados en la ética, en
la medicina, en la bioética para investigar los problemas y para escribir artículos
para la población, porque la población tiene interés en el movimiento de
productos transgénicos, por ejemplo, pero hace falta alguien que estudie la
genética, la ética, etc. para poder comunicar bien esta situación.
Para concluir quisiera
que nos contara ¿cuál es la impresión que se lleva de estas VI Jornadas
Argentinas y Latinoamericanas de Bioética?
He venido a Argentina
después de treinta horas de viaje en avión, he venido porque a mí me gusta
este ambiente, esta gente. Yo tengo respeto por Pedro Hooft, yo respeto a
todos los participantes, son amigos. Siempre he tenido relación con el
desarrollo de la bioética en Latinoamérica y para mí venir a estas jornadas
no es sólo participar en un evento intelectual de muy buen nivel académico
sino también ponerme en contacto con amigos.
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